Otra vez el DF

Este fin de semana aprovechando el puente carnavalesco tuve la oportunidad de visitar la ciudad monstruo, la vieja ciudad de hierro, el Distrito Federal. Mi primera visita del año, la primera después de aquel asalto para nada chido.
Esta vez no estuve tanto tiempo, pero aproveché al máximo cada momento. Visité el Museo de Arte Moderno y allí conocí la exposición de un grupo de artístico de los 80's llamados “No grupo” los cuales, aunque me parecieron algo yupies, me parecieron interesantes. Caminé todo Reforma e incluso me subí al Ángel (ni siquiera sabía que se podía hacer) y aunque mi acrofobia no me permitió estar mucho tiempo arriba, si pude contemplar la ciudad desde una perspectiva muy bella. La parte mas chida del viaje fue conocer CU (me di cuenta que “Ciudad Universitaria” no es un eufemismo) y pasear por sus edificios y áreas verdes, sentado y jugando clavas me puse a pensar una diversidad de cosas.
La gran ciudad me invita a la nostalgia, a la reflexión, al goce. La ciudad es una fotografía de nosotros como civilización, de nuestros alcances, de nuestros errores, de aquello que tenemos de únicos y que tenemos la fortuna de disfrutar, de aquello que debemos cambiar si queremos sobrevivir. “De todo y en gran cantidad” es una de las formas que he oído describir al DF, la primera vez que la visité en mi adolescencia algo parecido fue lo que pensé. La cantidad de información que existe allí, el número de historias que podríamos encontrar en un solo día, la gran variedad de personas que nos podemos encontrar en ella (¿Cuantas veces me habré topado de frente con alguno de los dueños del mundo?) y la infinidad de formas para disfrutarla son algunos de los motivos que me hacen amarla.
La única noche que pase allá me encerré en un hotel, el cual por cierto tenía un espejo en el techo (el cual pudo haber sido utilizado de una buena cantidad de maneras...) con una cerveza, un libro de Elías Canneti (el cual habla de las masas, muy convenientemente) y una alegría, mezclada con nostalgia, que me inundaba el cuerpo (o tal vez era la cerveza). Lo único que me faltó fue un orgasmo (o varios) al amparo de la gran ciudad, hubiera sido perfecto.
¿Que me espera en el DF la próxima vez que vaya? No lo sé, y eso es lo mas emocionante. Hasta la próxima vieja ciudad de hierro, espero regresar pronto.
Nos deseo suerte

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