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  • Lecciones del Che Guevara - José Steinsleger

    Los personajes dotados de ciertos atributos, convicciones o creencias, irrumpen con fuerza en la historia cuando todo va mal. El denominador común es la muerte violenta. ¿Vocación de martirio? Antes mártir que confesor. Así es que en el principio de esta conmemoración no será el verbo, sino el cuerpo del Che Guevara en la piedra desnuda de una humilde lavandería boliviana, con su mirada inerte dirigiendo la pregunta total: ¿quién eres tú? El Che vive. En agosto del año pasado, un hombre se presentó en el periódico El Deber (Santa Cruz, Bolivia) para agradecer a los médicos cubanos que habían curado a su padre anciano de un grave problema de catarata, totalmente gratis. El paciente resultó ser el suboficial retirado Mario Terán, asesino del Che. Retomemos, entonces, el espejo con que el subcomandante Marcos nos reflejó cuando en México y el mundo las cosas iban peor que en la época en que el Che fue sacrificado, hace 40 años. ¿Final o principio de un ideal? Luego del crimen, empezó a debatirse el trillado asunto de las “condiciones objetivas”. Los hechos del periodo (1961-66) hablaban por sí solos: fracaso del “foquismo” armado en América Latina; golpes militares en Argentina, Ecuador, Bolivia y Brasil; confusión ideológica derivada de la confrontación chino-soviética; invasión yanqui a Vietnam y República Dominicana; genocidio de las izquierdas en Indonesia; asesinatos de Patrice Lumumba y Ben Barka en Africa, la propia derrota del Che en el Congo, y tres excepciones: Cuba, Argelia y Vietnam. Sin embargo, subyacía en el Che la imperiosa necesidad de cuestionar a quienes reducían la resonancia mundial de las excepciones referidas a causas fortuitas. En congruencia con el ¿Qué hacer? de Lenin, el Che concluyó que tal cuestionamiento no podía formularse con más teoría. Las condiciones, en efecto, no estaban maduras. Pero si seguían madurando, el Che creía que irreversiblemente se pudrirían. Y así, cuando todo iba mal (sólo en 1966 cayeron los comandantes guerrilleros Guillermo Lobatón en Perú, Camilo Torres en Colombia, Fabricio Ojeda en Venezuela, Luis Turcios Lima en Guatemala), el Che reapareció en Bolivia, acelerando el paso. ¿Por qué? El soñar despierto del Che debería ser motivo de reflexión. Luego de la primera entrevista con el secretario general de los comunistas bolivianos en el campamento de Ñancahuazú, el Che escribe: “La recepción fue cordial pero tirante: flotaba en el ambiente la pregunta ¿a qué vienes?...” (Diario de Bolivia, 31/12/66). Al día siguiente, apunta: “… Por la tarde, reuní a todo el mundo… anunciando que realizaríamos la unidad con todos los que quieran hacer la revolución. Vaticiné momentos difíciles y de angustia moral para los bolivianos”. Tras la caída del Che, y atentos a la sentencia quevediana (el que en vida enseñó, difunto mueve), nuevas generaciones retomaron las armas en pos del sueño inconcluso. Y la historia, que siempre será menos objetiva que las improbables “condiciones objetivas”, pegó una vuelta de campana. En 1968, mientras en los muros de París se leían frases como “el pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”, Juan Velasco Alvarado y Omar Torrijos encabezaron movimientos nacionalistas y antioligárquicos en Perú y Panamá. Y en México, la juventud le puso el cuerpo a un poder monolítico que había traicionado los ideales de la revolución. ¿Qué lugar ocupa el Che en la escena política contemporánea, totalmente amenazada por quienes tratan de reducir la condición humana a meros cuerpos con orificios de entrada y salida? ¿Es posible hoy ser “como el Che”? Hemos aprendido que nadie puede “ser como”, o distinto de sí mismo. ¿Y el sueño? Freud decía que el sueño no está hecho para ser comprendido. Pero del ensueño, el visionario poeta José Lezama Lima escribió en su momento que del Che se esperaban “… todas las saetas de la posibilidad, y ahora se esperan todos los prodigios de la ensoñación”. Finalmente, cuatro lecciones de esta batalla inconclusa: 1) No hay revolución sin revolucionarios. Pero lucha armada y revolución no son sinónimos. 2) Ejemplos hay. Modelos no hay. Las luchas populares responden a particularidades históricas, políticas y culturales. 3) La emancipación social no pasa por la unanimidad de las izquierdas, sino por el entendimiento entre las fuerzas democráticas y antimperialistas. 4) “Abajo y a la izquierda” se requiere de imaginación, aunque también de realismo para tomar el pulso a lo que acontece “arriba y a la derecha”, donde la lucha de todos contra todos suele desencadenar situaciones favorables a las causas populares. A la inversa del patético “superhombre” de Federico Nietzsche, y el abstracto “hombre rebelde” de Albert Camus, el pensamiento del Che respondió, en todo momento, a las potencialidades del hombre consciente de Aimé Cesaire: “Mi apellido: ofendido; mi nombre: humillado; mi estado civil: la rebeldía; mi edad: la edad de piedra”. (Intervención en la mesa “Che Guevara y el siglo XXI”, en la que participaron Raúl Alvarez Garín, Gilberto López y Rivas, Angel Guerra Cabrera y Angel Arcos Bergnés. Casa Lamm, México, Distrito Federal, 7 de septiembre de 2007.)
  • Juega, niño, juega - Rockdrigo

    Juega, niño, juega hoy que aún estás a tiempo, juega niño Antes de que entres a la fábrica de mentes sin sentido. Juega niño, vamos, juega Antes de que te programen tienes tiempo para la fantasía, juega niño. Si no te cuidas, el tiempo te atrapará en su momento La costumbre con sus dientes no te dejará ser viento. Que no se quede tu mente en formas que no caminan Que no se pase tu existencia como los cuentos que terminan. Juega, niño, juega hoy que aún estás a tiempo, juega niño Antes de que entres a la fábrica de mentes sin sentido.
  • La nueva guerra sucia

    Todo transcurría conforme al programa oficial. Un día después de dejar su cargo como presidente de la República, Luis Echeverría montaba guardia de honor en el Hemiciclo a Juárez de la ciudad de México. Lo acompañaba su sucesor, José López Portillo. Era primero de diciembre de 1976. La ceremonia oficial se realizaba sin sobresaltos hasta que una mujer diminuta, vestida de negro, se coló al acto. Indignada, le gritó al ex mandatario: “¡Ciudadano Echeverría, entrégueme a mi hijo... ya son muchos años!” La mujer era Rosario Ibarra de Piedra. El nombre del hijo cuya devolución reclamaba era Jesús Piedra Ibarra, víctima de la guerra sucia. Sucedió el 28 de agosto de 1978. Unas decenas de familiares de opositores políticos secuestrados por el aparato represivo comenzaron un ayuno en el Zócalo de la ciudad de México. El primero de siete. Querían hacer visible lo invisible, que se escuchara a quienes se les había quitado la voz. Exigían que se presentara con vida a los desaparecidos políticos. La huelga hambre en la Catedral tuvo que levantarse sin resolver sus demandas centrales. Sin embargo, años más tarde la causa que la animó obtuvo un triunfo cultural indudable. Un año y meses después del ayuno, el 12 de diciembre de 1979, con la participación de una buena parte de la izquierda radical y de organizaciones sociales, se formó el Frente Nacional contra la Represión. El 15 de diciembre estaba en su casa el primer desaparecido. Hoy, la historia regresa. A poco más de cuatro décadas de la protesta en el Hemiciclo a Juárez y 29 años después de la primera huelga de hambre para exigir la presentación de los desaparecidos políticos, organizaciones civiles y políticas volverán a dar vida al Frente Nacional contra la Represión (FNCR). Con ellas, en la primera línea de fuego, se encuentra la misma mujer que animó las iniciativas previas: Rosario Ibarra de Piedra. La fundación del FNCR no es un reflejo nostálgico de una parte de la izquierda. Que en algunos de sus integrantes se presenten rasgos paranoicos no quiere decir que no los persigan… Según doña Rosario, en siete años de gobiernos panistas ha habido unas 100 desapariciones forzadas. De ellas, 65 ocurrieron en el gobierno de Vicente Fox y más de 30 con Felipe Calderón. De manera alarmante, en los dos años recientes se ha intensificado la violación a los derechos humanos. Desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, torturas, golpes, órdenes de aprehensión injustificadas, encierro en penales de alta seguridad, penas severísimas y violaciones sexuales son cometidos por distintas policías y el Ejército con la más absoluta impunidad. No es exageración. En México existen más de 500 presos políticos. La gran mayoría son dirigentes sociales y populares. Muchos son jóvenes. No son escasos los defensores de derechos humanos y del medio ambiente. Uno de esos presos es Santiago Pérez Alvarado, defensor de derechos humanos y activista ambiental detenido el pasado 4 de julio y remitido al penal de Temascaltepec, acusado de secuestro. Acompañante y asesor de diversos movimientos en defensa del medio ambiente, promotor de la no violencia, participó en la lucha contra el desarrollo de un centro de esquí en el Parque Nacional Nevado de Toluca, impulsado por un grupo de inversionistas y el gobierno del estado. El abogado Pérez Alvarado es conocido como un hombre honesto, solidario y conocedor de los derechos sociales. Sensible a las injusticias y abusos contra campesinos, participó en la resistencia civil pacífica del Comité por la Defensa de los Recursos Naturales del río Temascaltepec, formado por decenas de comunidades del sur del estado de México, Guerrero y Michoacán. El comité se opuso a la construcción de la presa El Tule, mediante la cual se pretende captar agua del río Temascaltepec –clave para la economía regional– para conducirla a la planta potabilizadora Los Berros (la más grande del mundo) y, posteriormente, bombearla a la ciudad de México y la zona conurbada. Es en el contexto de esa lucha, iniciada hace nueve años, que se detuvo a Santiago. A pesar de que las comunidades afectadas entablaron negociaciones con el gobierno para frenar las obras, los trabajos continuaron. Agraviado, el pueblo de San Pedro Tenayac bloqueó el paso a la obra y retuvo, durante horas, a dos técnicos de la Conagua para exigir la presencia de las autoridades responsables. En ese momento el abogado se encontraba en la ciudad de México negociando con el gobierno. Más adelante, debido al rezago en el pago de indemnizaciones por la afectación de cultivos y tierras de las comunidades, provocada por la construcción y operación del sistema Cutzamala, se creó el Frente Mazahua por la Defensa de los Derechos Humanos. Santiago fue su asesor. Al no obtener respuesta, la exigencia se convirtió en protesta. Las comunidades pusieron en práctica acciones de resistencia civil pacífica. Sin embargo, el gobierno del estado cooptó a algunos dirigentes y dividió al movimiento. Surgió así, con el apoyo de Santiago, el Movimiento Mazahua por la Defensa del Agua, los Derechos Humanos y los Recursos Naturales, que ha continuado en lucha, oponiéndose al despojo. La detención de Santiago Pérez, por hechos acaecidos hace más de nueve años –en los que no tuvo participación directa–, pretende “limpiar el camino” para reactivar diversos proyectos de desarrollo en la región. Sin embargo, esos negocios afectan el patrimonio natural y cultural de las comunidades del estado de México, que el abogado representa. Santiago es una víctima más de la nueva guerra sucia. Una guerra en que lo mismo se aprehende injustamente a líderes populares que se realizan desapariciones forzadas. Su caso muestra la vigencia que tiene el renacimiento del Frente Nacional contra la Represión.
  • Oaxaca: ¡que se vayan todos! - Luis Hernández Navarro

    El verdadero triunfador de los comicios oaxaqueños del pasado 5 de agosto fue el voto de castigo a todos los partidos. En las elecciones para renovar la Cámara de Diputados local todas las formaciones políticas perdieron las elecciones. Los ciudadanos, simple y llanamente, desertaron de la contienda partidista. ¡Que se vayan todos! Ese fue el enérgico mensaje enviado a la clase política oaxaqueña. Los pueblos están hartos de la partidocracia y sus politiquerías, de los políticos profesionales y sus marrullerías, de quienes están en el gobierno y de quienes dicen ser opositores parlamentarios. Ni les creen ni les confían ni los quieren. Sólo asistió a las urnas uno de cada tres posibles votantes. En muchas comunidades indígenas la abstención fue aún mayor. Apenas votó 10 por ciento del padrón electoral. Si la gente que ha luchado por cambiar la sociedad y la política en Oaxaca no salió a sufragar es porque está convencida de que, más allá de las siglas en las que se arropan, los políticos tradicionales son todos iguales. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) puso en juego todas las mapacherías que forman su capital político. A pesar de ello, sólo logró recoger una votación similar a la que obtuvo Roberto Madrazo como candidato presidencial. Pero en ello no hay novedad. No en balde Ulises Ruiz, a pesar del descalabro en los comicios federales del año pasado, es uno de los mayores defraudadores electorales del país. El voto a favor de los candidatos del tricolor fue comprado en comunidades marginadas del estado con meses de anticipación, con cargo al erario. La coacción se dejó sentir en las regiones donde aún dominan los caciques. El embarazo de urnas, los carruseles y la alteración de actas estuvieron a la orden del día. Los comicios se efectuaron en medio de un clima de intimidación y terror gubernamental hacia la oposición popular. Muchos dirigentes sociales tuvieron que pasar a la clandestinidad o, cuando menos, salir del estado para no ser detenidos o agredidos físicamente. Otros, de plano están en la cárcel. En plena campaña se realizaron detenciones arbitrarias. Por supuesto, en esas condiciones el PRI se llevó el carro completo. ¿Por qué ahora iba a ser distinto? Los demás partidos han demostrado que a la hora de la verdad, se comportan casi igual que el Revolucionario Institucional. ¿Por qué la gente iba a apoyarlos? ¿Acaso los legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Trabajo (PT) en la pasada legislatura no apoyaron una y otra vez a Ulises Ruiz? La derrota electoral no fue responsabilidad de un movimiento popular que, mayoritariamente, vio con desconfianza los comicios. El PRD hizo todo para perder. Y lo hizo muy bien. Excluyó de sus listas a la mayoría de candidatos que provenían de las filas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). No obstante que en varios distritos existen fuertes organizaciones sociales con liderazgos reconocidos y arraigo, postuló a dirigentes de su partido prácticamente desconocidos. En algunos distritos, el sol azteca propuso como candidatos a figuras ligadas a Ulises Ruiz. Por supuesto, manejó las posiciones plurinominales como un botín de guerra, colocando en ellas, a pesar de su pésima reputación, a los barones del partido y amigos que los acompañan. Las organizaciones de la APPO que a título individual se involucraron en la campaña quedaron relegadas a posiciones sin importancia, y sin recursos económicos significativos para hacer proselitismo. Al participar electoralmente sin tener el consenso del conjunto de los integrantes de la Asamblea, lastimaron aún más la precaria unidad alcanzada. Otras, con una larga y eficaz tradición de lucha electoral, bloqueadas por la burocracia perredista, optaron por integrarse a las listas de partidos como Alternativa Socialdemócrata. El voto opositor de quienes deseaban participar en la contienda terminó dispersándose. En el mejor de los casos, el PRD se comportó como si fuera a obtener automáticamente el porcentaje y las curules alcanzadas durante los pasados comicios federales de 2006, sin tener que abrir sus listas a los candidatos del movimiento popular. Creyó que los ciudadanos que hace poco más de un año castigaron al PRI y al Partido Acción Nacional (PAN) son realmente simpatizantes leales a sus siglas. A juzgar por los resultados, tampoco parece haber sido muy útil para remontar la adversidad electoral la estrategia de Andrés Manuel López Obrador, basada en recorrer pueblos y municipios, afiliar a personas al --gobierno legítimo-- y denunciar la imposición presidencial, pero que se desentiende de la dinámica de lucha local y renuncia a facilitar la construcción de organizaciones sociales autónomas. Ciertamente, a su paso por varias localidades de Oaxaca, López Obrador cosechó muchas simpatías y efectuó reuniones más numerosas que las realizadas durante la campaña electoral, pero esos mítines no catalizaron la gestación de una fuerza alternativa. Por lo demás, a escala nacional, el PRD no ha hecho demasiado por frenar la represión en Oaxaca. Sus dirigentes han enmudecido ante lo que allí sucede. Fueron capaces de enmendar la decisión de los perredistas locales de ir a las elecciones sin Convergencia. pero no mucho más. Por lo visto, están más ocupados en sus pleitos internos que en denunciar la grave situación por la que atraviesan los derechos humanos en la entidad. La única excepción notable es la de doña Rosario Ibarra. Sin embargo, la senadora no pertenece a ese partido y formalmente está adscrita a la fracción parlamentaria del PT. Así las cosas el ¡que se vayan todos! del pasado 5 de agosto es, también, una indicación del rumbo que la sociedad oaxaqueña ha decidido seguir para cambiar las cosas en su entidad: la organización y movilización desde abajo. Una ruta lenta pero, en las actuales circunstancias, la única eficaz.
  • Gracias por la ceguera - Pedro Miguel

    Los gobiernos de Cuba y Venezuela han desarrollado, durante varios años, la Operación Milagro, un programa para dar atención oftalmológica a personas de escasos recursos de varios países del continente, incluido el nuestro. Para 2005 médicos cubanos habían realizado unas 100 mil operaciones quirúrgicas para tratar cataratas, desprendimiento de retina, carnosidades y estrabismo a otros tantos pacientes de Venezuela, Panamá, República Dominicana, Haití, Uruguay, Bolivia y México, sin cobrarles un centavo y sin hacer publicidad. Sin embargo, --en localidades marginadas de la montaña y el desierto del país, la gente está más que enterada: en Cuba curan las enfermedades de los ojos sin cobrar nada; todo, hasta el viaje en avión a la isla, es gratuito--, reseñaba La Jornada el 7 de mayo del año pasado. Hasta julio pasado 238 mexicanos habían viajado a Venezuela para recibir atención quirúrgica por cataratas y en el marco del programa humanitario se habían instalado consultorios en Coahuila y Michoacán con capacidad para atender a miles de pacientes al mes. A principios de julio una fuente de la cancillería mexicana citada por Reforma dijo que estaba en estudio la incorporación del --plan chavista-- (la Operación Milagro) en los acuerdos de cooperación bilateral con Venezuela, y adelantó incluso que el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa proponía enviar a ese país a especialistas en problemas de autismo. El informante agregó que --la legislación impide-- cumplir con la petición de la embajada venezolana de exentar los impuestos aeroportuarios y personales a los pacientes que viajaban a Caracas y que primero había que incorporar el programa --a los acuerdos que tenemos firmados--. Por esos días el programa humanitario generó un revuelo en las filas de la derecha legislativa y mediática, encabezada por Carlos Abascal. Se dijo que la ayuda médica formaba parte de una --infiltración ideológica-- y una panista de Coahuila aseguró que los promotores de Operación Milagro eran --proclives al comunismo--. A finales de julio La Jornada dio a conocer que el régimen calderonista había impedido el aterrizaje de un avión venezolano que venía a recoger a 10 niños y 80 ancianos de Ecatepec para llevarlos a Caracas, donde serían sometidos a diversos tratamientos para afecciones cardiacas y oculares. El pretexto fue que la línea aérea Conviasa, que operaba los vuelos, no tenía oficinas ni representación legal en el país. El 9 de agosto, en Morelia, Calderón Hinojosa anunció la puesta en marcha de un programa de cirugía de cataratas denominado Volver a Ver para Atender, dijo en sus propias palabras, a --muchos mexicanos que carecían de recursos [y que] incluso tenían que salir del país, participar en programas de apoyo y de beneficencia organizados por otras naciones, lo cual evidenciaba el tamaño de la carencia que teníamos en México--. El operativo tiene como meta operar 120 mil pacientes al año, pero en México un millón 600 mil personas -según cifras del secretario de Salud, José Angel Córdova- padece la afección, y la mitad de ellos sufre de ceguera. Es decir, incluso si Volver a Ver... fuera algo más que un boletín de prensa, tomaría 13 años atender a los afectados, y seis o siete devolver la vista a quienes la han perdido. Se infiere, entonces, que las actividades de Operación Milagro en nuestro país siguen siendo necesarias. Ah, pero Calderón habla en pasado de los --que tenían que salir del país--, y es de temer que Volver a Ver sea el anuncio disfrazado de una prohibición de facto al programa cubano-venezolano. No hay ley que le impida a un ciudadano mexicano viajar a La Habana o a Caracas para operarse de algo, pero el calderonismo ha recurrido ya a las trabas burocráticas para dificultar al máximo posible esa clase de traslados. Muchos podrán decir --gracias por la ceguera, señor presidente--, y la expresión no será sólo metafórica. Se habla de --normalización-- con Caracas y las reglas más elementales de cortesía y los buenos modales hacían obligado un reconocimento a Venezuela y a Cuba por la asistencia médica gratuita a miles de mexicanos. Si hubiese habido una pizca de buena fe, Operación Milagro habría debido ser objeto de cooperación oficial, no de sabotaje, y el gobierno mexicano habría podido establecer, a cambio, programas de asistencia médica para autismo o para apendicectomías o para problemas de sordera o para sacar uñas encarnadas, en México, en Venezuela y, con un poquitín de generosidad, también en otros países. Se prefirió, en cambio, inventar un pastiche malintencionado del programa cubano-venezolano, no para atender un problema de salud pública sino para tapar --el tamaño de la carencia que teníamos (¿teníamos?) en México--. Dicen algunos que la mala fe y la mezquindad no estorban para gobernar, y que hasta pueden llegar a ser necesarias; el problema es que a veces se notan a leguas, incluso si el observador sufre de cataratas.

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