Octubre 2009

Mi resistencia

Este blog esta tomando otra de sus acostumbradas vacaciones, esas temporadas cuando su autor por alguna razón no puede hilar muchas palabras en un mismo texto. Tal vez no tenga muchas cosas que decir, aunque regularmente es mas bien que son tantas cosas que no sabe con cual empezar.

Últimamente las cosas me han salido bien, todo tranquilo en el trabajo (salvo dos que tres detalles sin tanta importancia) y mi vida va acomodándose poco a poco en el proyecto de vida que he ido emprendido. He conocido a gente interesante y últimamente he devorado libros de historia, los cuales me han ampliado grandemente la perspectiva en cuanto al presente que me tocó vivir...
Y hablando del presente que me tocó vivir debo agregar que tengo la sensación de que cada vez se va degenerando más. Entre que los gobernantes han pasado de ineptos a extremadamente hostiles con la sociedad, el crimen organizado que ha ido subiendo de poder indiscriminadamente y la clase media perdida entre "foxilandia" y todo tipo de realidades alternas donde "todo va bien" o al menos "no tan peor". Es triste ser testigo de como la juventud pasó del nihilismo al valemadrismo en una sola generación, la sociedad esta (irónicamente) completamente reprobada en la educación que ha brindado.
Me gustaría ser menos pesimista, he estado conociendo también mucha gente que ha ido abriendo los ojos pero es normal que al notar lo mal que va la humanidad venga una gran confusión y muchas veces el desistir de cualquier forma de resistencia. Se amoldan a la sociedad. No los culpo, es inmensa la carga cuando uno decide "tratar de mejorar el mundo". La he sentido muchas veces e igual número de veces he cuestionado mi actitud respecto a ello, #yoconfieso haber pensado en dejarme llevar por la marea y vivir cómodamente en este mundo capitalista, y no solo eso sino que he llegado a preguntarme (y todavía no logro responderme satisfactoriamente) si realmente merecemos, como humanos, el que personas "como yo" (y como todos que nos tomamos en serio el activismo por "otro mundo necesario") "sacrifiquemos" tanto tiempo, bilis, trabajo y todo aquello que se sacrifica en la lucha, lo cual puede llegar a ser incluso la vida o la libertad.
Siempre que mis ganas de "seguir resistiéndome al sistema" menguan solo trato de visualizarme "del otro lado". Del lado de esa despreocupación por el futuro, sin conciencia de la consecuencia de mis actos o de los de los míos, del lado de la incoherencia. Es incoherente identificarse como "seres pensantes" y al mismo tiempo tener un orden social en el cual lo último que se hace es pensar. No puedo estar en ese lado. Sería traicionarme a mi mismo, a mis ideales, a mi discurso. Traicionar este blog. No puedo.
Y bueno, mientras tenga oportunidad seguiré en la resistencia. Millones de personas han muerto por la causa (un mundo mejor). Admiro tanto a esas personas que siento que se los debo.
Nos deseo suerte.

Sindicatos, energía y meollos del asunto

En la mayoría de los post en este blog trato de mostrar mi lado "conciliador" para que así mi mensaje pueda ser tolerado (y hasta tal vez entendido) por el mayor número de personas, en cierto modo he aprendido a tratar de separar de de mis opiniones mis "pasiones" y tratar los asuntos con lo que podría llamarse un tipo de "imparcialidad" o "conciliación" entre las ideologías o pensamientos que considero "buenos" para todos. En palabras ma scortas: Tomo como "aceptados" preceptos con los que no concuerdo. En este post no lo haré, escribiré crudamente mis pensamientos acerca de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro.
Acerca de la paraestatal Luz y Fuerza del Centro.

Primero que nada estoy a favor de las compañias estatales, considero que dentro del sector energético solo es posible lograr una empresa saneada si esta se encuentra en manos públicas. ¿Porqué? Sencillamente porque al estar en manos del estado la prioridad de la empresa es "brindar energía al pueblo" contrariamente a las manos privadas donde la prioridad es "ganar dinero". hay GRAN diferencia. Eso sin contar que las acciones de una empresa estatal tienen los de ojos de toda la población examinándola en cada detalle teniendo acceso a detalles financieros imposibles en manos privadas.
En las circunstancias en que se encontraba Luz y Fuerza del Centro (poca inversión, grandes gastos en empleados y burocracia, imposibilidad legal para producir energía) estoy completamente de acuerdo que necesitaba URGENTEMENTE un saneamiento y una buena opción podría ser su fusión con CFE, aunque eso tendría "inconvenientes" como lo es el hecho de tener un monopolio de CFE (lo cual tiene muchas lecturas).
Ahora bien, LyFC era una carga. ¿Porqué no probaron otras medidas antes de liquidarla? ¿Que nadie se acuerda de los millonarios rescates de empresas privadas con cargo al erario? ¿No les suena la palabra FOBAPROA? Regularmente ponen como "argumento" al tomar estas medidas "las miles de personas que podrían perder su empleo". ¿Los mas de 40 mil empleados de LyFC ahora no cuentan?.

¿Que tal si dejaran generar energía a LyFC? Digo, si ya lo hace en gran medida la iniciativa privada, la cual no solo puede tener plantas para sus empresas (Y con eso limitando grandemente los ingresos de CFE y LyFC) sino que también puede vender sus excedentes (aunque solamente a CFE). Recuerdo en mi adolescencia leer acerca de la lucha de un sector de la población contra las leyes que permitieron la entrada de la iniciativa privada en la generación de energía eléctrica. Ahi estaba el SME.
Si LyFC va a ser absorbida por CFE... ¿Porqué finiquitar a sus empleados? ¿No podría darse una absorción respetando el sindicato y el actual contrato colectivo? No soy tan partidario de esto dado que minaría mucho los logros (aunque al menos también se irían los supuestos abusos) del SME pero al menos todavía existiría. Es una gran mentira mediática de que el problema principal de LyFC sea el SME, con las cuentas que ellos mismos hacen (40 mil millones de déficit y el sueldo de 2 AÑOS Y MEDIO de los empleados es de 20 mil millones.), en las que omiten claramente las prestaciones de los empleados de confianza y la alta burocracia los cuales son mas ostentosos que los de los sindicalizados, no encuentro donde el SMe sea la mayor carga. ¿Porque no conservarlo dentro del nuevo esquema de la empresa?
En el Infomercial que dió Calderón para tratar de justificar la acción escuche unas palabras que considero claves. Eran algo así como "CFE contratará al mayor número posible de ex trabajadores, BAJO NUEVAS REGLAS LABORALES". ¿Que quiere decir esto dentro del contexto?

Acerca del SME
No conozco el servicio de Luz y Fuerza porqué no estoy dentro de su área, siempre he tenido que tratar con CFE (Y creanme : no es algo lindo) y solo conozco al SME porque son una organización que regularmente apoya las luchas sociales en turno. Recuerdo verlso en cualquier marcha, plantón, manifiesto y cualquier tipo de acciones de protesta y activismo político. Es indudable que es de izquierda. No creo que sea perfecto y de hecho considero que como en TODOS los sindicatos actuales en mi país debe de existir cierta corrupción y abusos.
Hablemos de los "abusos" del sindicato. ¿En que momento las ganancias en prestaciones laborales se consideran "abusos"? Con esta pregunta no alego que no existieran "abusos" en el contraro colectivo de trabajo, pero vamos a verlo bien. ¿Que son las prestaciones laborales? Junto con el sueldo son los beneficios que tiene el trabajados por hacer funcionar la empresa donde labora. Todos sabemos que dentro del esquema "capitalista mexicano" "mientras menos hagas mas tendrás" y con eso me refiero a que los sueldos y las prestaciones son mayores conforme escalas en los puestos de administración. La atla burocracia de LyFC (que no pertenecía al SME) tenían prestaciones exorbitantes comparadas con la de otras empresas. Mientras mas cerca del dueño estes, mas prestaciones tendras. TODAS las prestaciones (y obviamente el sueldo también) salen de los beneficios de las empresas. Es algo con lo que se busca equilibrar el abusivo esquema de :
"dueño (capitalista ó "propietario de los bienes") ==> la mayoría de lso ingresos.
trabajadores (los que hacen funcionar la empresa) una parte mínima de los ingresos.
Ahora ¿Tiene algo de malo querer una mejor retribución de la empresa a la que haces funcionar? Digo, si "el comunismo es malo y los trabajadores no debieran ser dueños de las empresas" al menos que los dueños de las empresas se mochen en algo con los trabajadores.
¿Ahora entienden un poco mas acerca del robo que nos hacen los políticos? Sus prestaciones son "retribuciones por manejar el gobierno mexicano", la administración de un país es la administración de toda su riqueza.
Regresando al tema : LyFC trabajaba en números rojos por lo que las prestaciones (y gran aprte del dinero para su funcionamiento de hecho) no venia de los ingresos de la empresa sino del gobierno mismo. Pero eso NO era culpa total del SME, incluso podría asegurar que en sus manos no estaba el saneamiento dado que solo eran Trabajadores, no tenian mucho que ver con la administración, la cual como toda empresa estatal cae dentro de la alta burocracia (tanto de la misma empresa como del gobierno). Ahora, ¿Recuerdan lo que decía acerca de la prioridad de las empresas paraestatales de energía? El dar luz a la gente, por eso se daba el lujo de operar en números rojos.
Ahora ¿Porqué apoyo al SME? En primera, como puse anteriormenter, porque el SME casi siempre ha apoyado a otras luchas, también como puse en párrafos anteriores no considero que la liquidación en las circunstancias que se dieron sea la medida efectiva. Pero eso no es todo. Esto va mas allá de la empresa LyFC y del SME, esto lo considero un ATAQUE (como muchos otros que ha estado haciendo el gobierno sin parar desde que tengo uso de razón) contra la llamada "clase trabajadora".
¿Porqué es un ataque? Porque los alegatos de Fecal para la medida no son verdaderos, porqué si fuera a atacar a sindicatos corruptos el SME no era el peor pero si de Izquierda. Porqué lo que se busca (y se puede clarametne leer entre líneas en toda la embestida mediática contra el SME) es minar y satanizar el ejemplo en cuanto a prestaciones laborales del SME. Porqué poco a poco con medidas como esta se ha ido atacando y terminando con organizaciones opositoras al sistema.
Si si, "los del SME abusaban de su posición para poder disfrutar un poco (en comparación con lo que disfruta cualquier burócrata medio en gobierno o ejectuvo de segundo nivel en empresas privadas) del dinero de nuestros impuestos. Hay que atacarlos, alzar la voz contra ellos e ir totalmente en contra de sindicatos, pues estos solo son parásitos dentro de nuestro gobierno y por eso apoyaré al gobierno con esta medida.." esperen... ¿QUÉ? ¿Apoyar al gobierno?. Si algo me ha enseñado en cuanto a lo que NO debo hacer "apoyar al gobierno" es lo primero en la lista. Y asi como APOYO A CHAVEZ y por lo mismo por lo que VOTE POR LÓPEZ OBRADOR a pesar de que ambos tienen una larga lista de cosas que no solo no me agradan sino que en teoría "lucho contra ese tipo de cosas". ¿Porqué lo hago? Porque vivimos en una época polarizada, porqué los "de en medio" o los que "no toman partido" simplemente no figurarán. Por mas razón que se tenga en toda la historia de la humanidad la razón unnca ha sido algo con lo que se maneja el complejo sistema social. ¿No se han dado cuenta? vivimos en un tiempo donde "o eres de chávez o no lo eres", donde "o eres de lópez obrador o no lo eres", "estas a favor o en contra del golpe de estado en Honduras", "apoyas o no a la appo" y actualmente la pugna es "estas con el SME o no lo estas". La consigna y el actor a apoyar es indiferente, el trasfondo es el mismo : Otro mundo es necesario ¿De que lado estas?
Nos deseo suerte.

De sindicatos, privatizaciones y matemáticas burocráticas.

La noticia del día : El gobierno (costoso e ineficiente) conservador de México Corp. va a liquidar al Organismo Descentralizado Luz y Fuerza del Centro (en el cual por cierto se concentra uno de los sindicatos mas progresistas del país : El Sindicato Mexicano de Electricistas) ¿El motivo? Ser costosa e ineficiente. El decreto fue acompañado por la toma de todas las instalaciones de la compañia por los militares de la PFP y y del ejército, esto un sábado a medianoche. ¿Que pensarán los 5.7 millones de clientes de la compañia acerca del manejo de esta situación? ¿Ahora quién les brindará el servicio? ¿Habrá altas o bajas en el precio? ¿Mejorará el servicio?.
Vamos por pasos, no se puede juzgar un hecho sin ubicarlo en el contexto adecuado. Primero veamos, ¿Que tal se encuentra el sector del suministro de energía en el país? En el sector de la electricidad en México tenemos (o teníamos hasta hace poco) a dos compañias estatales : Luz y Fuerza del Centro (La cual no generaba electricidad, solo la suministraba) y Comisión Federal de Electricidad, esta última es la que actualmente tiene el monopolio en cuanto a comercialización de la producción de energía eléctrica (no así de la venta al usuario final), pero NO es el único en generar electricidad. Actualmente diversas empresas privadas tienen permiso para generar electricidad e incluso pueden vender sus excedentes, pero solo a la misma CFE.
Solo CFE e Iniciativa Privada pueden generar electricidad y solo CFE (Y antes también LyFC) pueden vender al usuario final.
¿Que tal esta el sindicalismo en México? Esto es algo mas complejo, pues hay que tener en cuenta muchas cosas, como el hecho de que a lo largo de los 70 años que duró la "dictadura perfecta" del pri el gobierno logró destruir casi toda la independencia sindical y esto a la larga creó el concepto de "lider charros" pues impusieron líderes corruptos en los síndicatos para mantener a los trabajadores a raya. Y esto fué durante mucho tiempo o al menos durante el suficiente como para que la percepción del pueblo cambiara y comenzara a ver a los grandes sindicatos como monstruos burocráticos, de una manera similar a lo que es el gobierno, pero "el gobierno siempre tiene que estar ahi para algo, pero los sindicatos como pa'que".
Y no es que el pueblo tenga la percepción tan mala, tan solo viendo las actuaciones de líderes sindicales como Elba Esther Gordillo ó Carlos Romero Deschamps pueden verificar que los sindicatos son malos. Lo que no ven muchos es que. aunque no lo crean, SI existen sindicatos progresistas en México. Ese tipo de sindicatos que se encarga de que sus trabajadores gocen de buenas prestaciones laborales. Sindicatos que hacen la chamba para la que fueron creados en primer lugar. Entre esos sindicatos en los que se tiene por primero al trabajador están los disitendes del SNTE aglutinados en la CNTE, entre los que sobresalen la Sección 22 de maestros oaxaqueños. Y ¿Que creen? Entre esos sindicatos también está el SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) al que pertenecen los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro.

Ahora si, vamos a meollo del asunto. ¿Porqué se liquida Luz y Fuerza del Centro? Ell gobierno para justificarlo argumenta que Luz y Fuerza del centro consume muchos recursos y no recupera nada por lo que es ineficiente e improductivo, entonces lo mejor que se le ocurre hacer es liquidar la empresa. ¿A que nos llevaría esto? En Primera al monopolio total de CFE en el comercio de energía eléctrica, en segunda a un gasto enorme en cuanto a que liquidar a una empresa con mas de 40 mil trabajadores en activo ( llegan a mas de 60 mil si se toman en cuenta a los jubilados) y traspasar todas las instalaciones y el encargo del suministro de energía a otra compañia.
También hay que poner atención en la desintegración del SME, quién siempre ha sido un sindicato combativo que se ha solidarizado con diversas luchas sociales. Una organización de esas que quieren mejorar las condiciones de vida de la población mayoritaria del país (los de abajo, pues). Son de esas que cierran avenidas en sus manifestaciones (En perjuicio del "libre tránsito de vehículos" y en beneficio de lso derechos laborales) y de las que se agarran de a tu por tu con el gobierno por el mal manejo del país. No conozco el servicio que brinda la compañia, imagino que no ha de ser muy bueno por muchos de los comentarios que he leído. Dudo que sea peor que el de CFE, pero igualmente dudo que sea mejor.
Pero veamos, mas allá de que a un simple mortal como yo (no imagino lo que pudieran pensar mentes especialistas en el tema) se me ocurren mejores maneras para solucionar esto, entre ellas el otorgarle a LyFC el permiso para generar electricidad (Vamos, si ya la iniciativa privada tiene sus plantas ¿Porqué no LyFC? Eso no desarrollaría mas competencia con CFE y mejoraría el servicio? ¿No es eso lo que clama la doctrina del libre comercio?) o también que dejaran de tomar recursos para tratar de terminar con el SME y lo apoyaran para impulsar a la compañia, mas allá de eso ¿Con que credibilidad o moral se atreve a decir que Luz y Fuerza del Centro es demasiado ineficiente? ¿Porqué no liquidar también al IFE dado que no ha podido darnos elecciones limpias?
Hay que hacer cuentas a ver cuanto "nos ahorraremos" con la liquidación de la compañia y el nuevo monopolio de CFE. Los números de la burocracia nunca cuadran, siempre los remedios han sido peores que la enfermedad (Fobaproa, Pidiegras, Burssatilización) ¿Porqué creerle ahora al gobierno? Y no solo eso, habrá que hacer muchas preguntas. ¿Que pasará con las tarifas? Si existen usuarios de LyFC qye esperan mejorar en servicio y precio, serán decepcionados duramente.
En cuanto a las personas que ven con buenos ojos (si, esas como las que escriben cómodamente en twitter "sus opiniones políticas") esta maniobra (regularmente repitiendo argumentos utilizados por los medios de comunicación en apoyo a la medida) solo habrá que preguntarles acerca de sus derechos laborales y su estilo de vida, con eso podrán encontrar muchas coincidencias entre ellos. También analizando sus comentarios, muchos de ellos están enojados con todo movimiento que invada las calles en manifestaciones debido a que "les quita tiempo" y otros tantos (que también pueden combinarse con los anteriores) se sorprenden tanto con las prestaciones laborales de los afiliados a sindicatos progresistas (las cuales por supuesto se vuelven risibles si se comparan con las prestaciones de lso burócratas de nivel medio y alto ó con la de los ejecutivos de las empresas privadas) que al compararlas con las que les dan a ellos sus empresas por un trabajo que consideran "mas trabajo" que el de esos afiliados de sindicatos progresistas entonces, en lugar de voltear a ver a sus patrones para hablar al respecto (o en su defecto cuestionarse a si mismo acerca de ello), deciden llegar a la conclusión de que los afiliados son "parásitos" que reciben mas de lo que deberían (que quiere decir, mas que el mismo). Hay que entender que las prestaciones laborales no deben considerarse privilegios sino derechos.
Claro que no todos los que apoyan la medida son así, hay quienes desde su posición les va a beneficiar o quienes a falta de datos (o de confianza en los datos que se tienen) se llegan a creer las matemáticas burocráticas. Las matemáticas burocráticas nunca van a cuadrar, por muchos motivos pero principalmente porqué nunca dicen la verdad. Aunque bueno, como "punto a favor" entre los que apoyan la medida puedo anotar que al menos estan al tanto de la situación y al menos tienen cierta noción de que es algo grande, mucha gente solo verá eso como "otro conflicto en el DF" o como "una noticia mas".
En fin, tenemos otro ataque más del gobierno contra la clase trabajadora, una antesala para una posible ampliación en la participación de la iniciativa privado en el sector energético, el desmembramiento de una organización activa en la lucha popular. Un paso mas hacía la inestabilidad y el hundimiento de las condiciones de vida de la mayoría. No se porqué se me vienen a la mente unas oakabras de George Carlin de un sketch en el que hablaba acerca de las clases sociales. Eran algo así:
"La clase alta no trabaja ni paga impuestos, la clase media es la que hace todo el trabajo y paga los impuestos y la clase baja esta allí para tener cagados de miedo a la clase media (y así la clase alta se puede quedar con todo)"
Por cierto, encuentro paralelismo entre el golpe de estado en Honduras y la toma de las instalaciones de LyFC en cuanto a eso de hacer "por la mala" (usando militares) algo que se trata de justificar como "bueno" y por el "bien del pueblo" (mientras que las pruebas demusetran lo contrario).
Nos deseo suerte.

Nacidos para perder, pero nunca para negociar

Y mientras los estudiantes Xalapeños "dan muestras de su gran conocimiento histórico" (Aquí iba un link a un reportaje de un amigo en el que preguntó a varios xalapeños quese conmemoraba el 2 de octubre y entre los muchos que no sabían la mayoría eran estudiantes) algunos sitios reproducen un texto del 2007 por Paco Ignacio Taibo II(que le da el título a este post).
Pienso que no solo hay que recordar el movimiento del 68 (Que fue a nivel mundial, así como también lo fueron la represión de estudiantes) sino también entenderlo, aprovechar el camino que se nos abrió y aprender de sus errores.
Todavía no dejo de estremecerme e incluso a veces de soltar una lágrima al pensar como es que fue planeada y ejecutada la matanza, los gobernantes después de siglos siguen siendo igual de insensibles y asesinos.
Me fui a dar una vuelta al centro para ver que hacía la gente en un día como hoy, luego les pongo las fotos.

Nos deseo suerte.

Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar

Para no olvidar el 2 de octubre de 1968 puedes leer una cátedra acerca de la política exterior de USA pues esta tuvo mucho que ver con tales acontecimientos. Leanla y sufran de impotencia.

Noam Chomsky
La Jornada
¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar?

Noam Chomsky disertó el pasado lunes largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.

Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.

O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wa-shington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.

O bien, un dato puntual, asombroso: la "preocupación" manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual "apertura democrática" en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.

Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada.

Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo "comienza a liberarse por sí solo de este yugo", con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.

Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.

Blanche Petrich

A continuación se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcóyotl:

Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: "Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester". Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama "intelectuales" y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los "principales arquitectos"

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los "principales arquitectos" de políticas públicas en Inglaterra eran los "comerciantes y los fabricantes", quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por "gravoso" que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren "la salvaje injusticia de los europeos" en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.

Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los "comerciantes y los fabricantes", sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versión actual de la máxima de Smith es "la teoría de la inversión en política", desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una "democracia guiada" como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.

Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen "criminal". Su crimen era haber "logrado desafiar" políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo "el principio de la Mafia". El Padrino no tolera que nadie lo "desafíe y se salga con la suya", ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien "logre desafiar" al Amo puede volverse un "virus" que "disemine el contagio", por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.

Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.

Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar "consolidar un orden en ninguna parte del mundo", es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La "credibilidad" de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar "salirse con la suya en el desafío" si el "virus" chileno no era destruido antes de que "diseminara el contagio". Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el "momento unipolar", que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa "conspiración monolítica y despiadada" para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la "guerra contra las drogas", pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

"Sofisticación tecnológica" en el tercer mundo

La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la "sofisticación tecnológica" de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la "base industrial de defensa", eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no "haríamos responsable al Kremlin" de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.

Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.

Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una "guerra a las drogas", pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una "revolución normativa" que confería a Estados Unidos el derecho a una "intervención por razones humanitarias" escogida por definición, por la más noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de "responsabilidad de proteger". Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su "responsabilidad de proteger" de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.

A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, "un esto por aquello, una reciprocidad". El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético "que la organización se transformaría en un ente más político". Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una "zona de paz" que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.

Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.

Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: "No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles".

Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una "fuerza de respuesta de OTAN", que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos "mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas", objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que "las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente" y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras "cruciales infraestructuras" del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es "bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán", y "disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central", según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo "gran juego" en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.
Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un "virus" que pueda "diseminar el contagio", sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta "gran área", como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un "poder incuestionable", una "supremacía militar y económica", y actuaría para garantizar "los límites de cualquier ejercicio de soberanía" por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su "función". Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que "explotara" su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una "estupenda fuente de poder estratégico" y uno de los "premios materiales más grandes en la historia del mundo": la más "importante de las áreas estratégicas del mundo", para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el "control sustancial del mundo".

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: "Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies", declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el "disuasivo británico", el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una "campaña de odio contra nosotros", como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero "por qué nos odian" y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los "regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población" y buscan satisfacer la "demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas" y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de "un clima económico y político que propicie la inversión privada", con la adecuada repatriación de las ganancias y la "protección de nuestras materias primas". Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.

TLC, "cura recomendada"

En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran "extraordinariamente positivas", y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría "poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas". La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que "encerrara al vecino en su interior" y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que "ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos" mexicanos en materia de políticas económicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: "no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia". No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que "la libre circulación de mano de obra" es la piedra fundacional del libre comercio.

La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como "extranjeros ilegales"– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de "ni perros ni irlandeses" no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los "extranjeros ilegales". Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son "personas", y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados "acuerdos de libre comercio". Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.

En ese punto, el asesor definió la "relación especial" con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería "socio". Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como "nuestros tenientes". Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse "irrelevante". Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.

Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como "socios" y únicamente en privado continúa tratándolos como "tenientes", como "subordinados". Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.

Tecnología de la destrucción

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus "variadas operaciones", acciones "contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral". Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el "sitio de seguridad cooperativa" desde el cual "puedan ejecutarse operaciones de movilidad". El informe anota que, desde Palanquero, "casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible". Esto podría formar parte de "una estrategia global en ruta", que "ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África". Por ahora, "la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano", concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.

Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.

La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir "pandillas de jóvenes" y "populismo radical", término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.

El pretexto es la "guerra contra las drogas", pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una "guerra" en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la "guerra contra las drogas" no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de "limpieza social" en lo interno, enviando enormes números de personas "superfluas", casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente "tripolar", con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal "Consenso de Washington".

También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.

Traducción: Ramón Vera Herrera

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