UN SÁBADO VIOLENTO EN EL ANDADOR TURÍSTICO. Fernando Lobo

¿Qué quién comenzó? ¿Importa? Si la APPO había mostrado algunos esfuerzos (sin muchas expectativas) por contener a sus grupos duros, del lado uniformado (gris) de la línea, la cosa estaba clara: había que provocar. Tan clara como lo había estado todos los días desde el 2 de noviembre, cuando 4500 policías federales preventivos fueron replegados con todo y tanquetas, helicópteros y avión espía. Los replegó la gente, en la calle. Desde entonces se volvió habitual ver a los de la PFP usar cohetones, resorteras con balines y piedras. No cabe duda, un auténtico entrenamiento de élite. La marcha del movimiento popular oaxaqueño salió el sábado por la mañana, oronda, enorme, con su discurso de resistencia pacífica. Eran, como de costumbre, ríos de gente. De hecho, llegaron al zócalo sin mayor incidente. De hecho, el cerco civil alrededor de la PFP se realizó con cierto orden. Eso duró cuarenta minutos. Los anteriores enfrentamientos entre civiles oaxaqueños y policías federales habían sido más o menos sorpresivos, cortesía de la Secretaría de Seguridad Pública federal. Lo del sábado fue una acción de la APPO difundida con una semana de antelación: marcha y cerco. ¿La PFP tuvo tiempo para tender una trampa y la APPO mordió el anzuelo? ¿Buscaba la APPO inmolarse colectivamente con tal de obtener el efecto mediático de la ingobernabilidad? ¿Ambas? Yo creo que era inevitable, y que en los dos lados lo sabían. Asesinatos, detenciones ilegales, golpizas, torturas, desapariciones, todo eso comenzó mucho antes de que llegaran las fuerzas federales, éstas sólo le agregaron un matiz infernal. La guerra sucia del estado contra un movimiento popular logró justamente eso: un estado de guerra (escribo esto mientras escucho tres helicópteros pasar en formación sobre la casa). Porque el manual de contrainsurgencia que nuestras evadidas autoridades sacaron de no sé qué peliculesco archivo de la CIA, está diseñado justamente para combatir a esos grupos “minoritarios y radicales” que Ulises Ruiz y sus incomprensibles funcionarios se inventaron en medio de su cleptomitomegalomanía; el manual no sirvió para acabar con amplios sectores organizados de la sociedad oaxaqueña. Y ahí estaban el sábado: los chicos de las bazukas artesanales, escudos de madera y bombas molotov, cada vez más ordenados e iracundos (llegaron desfilando). Y distribuidos por las azoteas, francotiradores de la PFP. Unos traen rifles, otros resorteras, es igual, la idea es provocar, lesionando. En la refriega del lunes fueron principalmente los chicos de Cinco Señores los que sostuvieron el enfrentamiento con los grises. Entiéndase: la Barricada de la Victoria no es un montón de objetos encimados en una glorieta, no: es su crucero, es su calle, es su casa, y lo era antes del conflicto (el 2 de noviembre salieron a apoyarlos miles de personas, pero si la gente no hubiera salido, ellos estaban dispuestos a enfrentar un regimiento de agentes federales, ¿me explico?) El caso es que este sábado en el centro histórico no eran sólo los “rudos” incontenibles de la APPO. Nunca he visto tantas señoras cargar costales con piedras, además de las habituales cocacolas y vinagres (para el gas, pues). Y eso no era el caos total, había sí, un cierto sentido de la estrategia. El cerco de paz prometido por los consejeros de la APPO brilló por su ausencia. El discurso de resistencia pacífica del movimiento se enfrentó como nunca a sus propias contradicciones (¿o alguien cree que los varios miles que se encontraban frente a las líneas federales estaban pensando en un modelito de pasividad resistente como el de las mujeres de la Lacandona, o los jóvenes altermundistas de Seattle?) La verdad es que tampoco habíamos visto a la PFP embestir con tal fuerza. Gas como nunca, y del bueno. Rifles con silenciador, de modo que sólo escuchas pasar la bala de 9 milímetros a medio metro de tu cabeza. Y la gente de aquí, principalmente los estudiantes, tiene la pésima costumbre de no dispersarse (ay, la dignidad). Los cohetones que recibió la PFP tampoco eran de broma. Sonaban como misiles en la cerrada acústica del (qué ironía) andador turístico. De noche las reglas cambian. Alguien incendió los tribunales, el Teatro Juárez, algunas casas particulares, y unos veinte vehículos, más o menos. El cielo oaxaqueño lleno de gas y humo. Y cada vez que esto ocurre, desaparecen cpnvenientemente documentos incriminatorios para Ulises y su antecesor Murat. Los ministeriales que todavía obedecen a la mitómana procuradora de Ulises, decidieron que era un buen momento para salir a echar tiros y a detener a quien se deje. La PFP logró replegar a la resistencia mucho más allá de Santo Domingo. Entonces comenzó una razzia descomunal. Si la prensa comercial habló en sus avances de cien detenidos, hoy lunes la cifra se cerró en 160, y entre veinte y cuarenta desaparecidos. La mayor parte de los detenidos se encuentran en un penal federal en Nayarit. La APPO, a través de Radio Universidad llama al repliegue general a las nueve de la noche, antes de que la interferencia que ya conocemos se la coma por completo (a Radio Universidad nunca la interfieren cuando hay masas de gente movilizada en la calle, oh no, eso es peligroso para las radios comerciales, pero de noche las reglas cambian). La conferencia de prensa de Ulises (aplausos) no sorprendió a nadie: “es el coletazo de salida de este movimiento que ya se vino abajo”. Es decir, un retruécano más de lo mismo: “unos cuántos grupos radicales”. O sea la misma cantaleta que se ha tragado por seis meses el gobierno federal, ya sea por cinismo, complicidad o por auténtica estupidez: no hay un poderoso movimiento social organizado, no hay un gobierno estatal clandestino, jugando con sus juguetes a la guerra civil. Ulises dice que no hubo heridos. Los periódicos más baratos hablan de 53 hospitalizados y, no hay problema, un movimiento que convoca a un millón de personas durante una semana, en un estado de tres millones y fracción, es cuestión de “unos cuantos grupos radicales”, y, por supuesto, todos deben ser detenidos (y al carajo con la Ley de Amnistía, y si reventamos los acuerdos de la APPO con gobernación, pues mejor). El domingo, por cierto, las radios comerciales de la ciudad se borraron otra vez del aire y sólo se escucha la radio que el gobierno estatal sacó desde el clandestinaje. Uno de sus pasatiempos es proporcionar direcciones de gente que apoya a la APPO (esas odiosas sabandijas). Los caciques locales campean en los lugares que antes sentían vedados. A ellos también les gusta señalar personas en la calle. El domingo, la policía estatal patrulla por primera vez en seis meses, convoys de tres camionetas cada uno, repletas de elementos (curiosa palabra, ¿no?), con cascos, escudos antibalas y rifles, mirando, cateando. El domingo, las detenciones siguen. El domingo comenzó realmente el estado de sitio en la ciudad de Oaxaca. Hoy lunes el ulisismo culminó su operativo de limpieza. Borraron hectáreas de pintas en su contra. Pipas de agua y trascabos barrieron con todo en el centro histórico. Ulises, sus funcionarios y caciques salen a la luz pública ostentándose como los ganadores de una contienda en la que sólo participaron como comparsas. Lo de la gobernabilidad, eso sí, ya no se lo traga nadie, nadie. info@chiapas.indymedia.org

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