El discurso del prohibicionismo

“La manera más inteligente de mantener a la gente aplacada y obediente es delimitar el espectro de opinión ´aceptable´ pero permitir un debate abierto dentro de esos límites” Noam Chomsky
En “El orden del discurso” Foucault examina minuciosamente las implicaciones del discurso y los mecanismos de exclusión con que se sirve el poder para delimitarlo. Tanto de manera “externa” como “interna” (exclusión y control interno). Podemos ver como funcionan estos mecanismos, mezclándose unos con otros, creando una compleja “malla” donde no se escapa nada. Es la forma como nos controlan.
Dentro de este enfoque “foucauliano “ encuentro necesario revisar uno de los discursos “oficiales” que mayor impacto han tenido en la actualidad. Este discurso ha costado muchas vidas en mi país y nos tiene en serias dificultades, pero es un discurso mundial que tiene muchas implicaciones. Me refiero al discurso acerca del uso personal de las sustancias conocidas como “drogas” o “estupefacientes”, el discurso del prohibicionismo.
En una sociedad donde se tiene una política de matar (en su mayoría a jóvenes) con el propósito de que no lleguen las “drogas” a los jóvenes (el futuro de nuestra sociedad) y así evitar que caigan en la tentación del “vicio”. El prohibicionismo y su discurso ha sido algo que ha costado mucho poder discutir y sus supuestos se dan por hechos desde hace al menos medio siglo creando leyes y políticas que han propiciado grandes problemáticas en el presente.
Para poder hacer un pequeño análisis primero habría que definir un par de significados, comenzando por el de “droga” ó “narcótico”. De manera oficial (y popular) este designa a un conjunto de sustancias y productos que causan sensaciones de embriaguez o alteran la percepción de la persona que le consume, sin embargo hay una larga lista de sustancias que generan tales efectos sin que por ello entre en la clasificación de “droga” o “narcótico” a la que se refiere el prohibicionismo. Esto ya llevó a la ONU a declarar a mediados del siglo pasado que era imposible lograr una clasificación “a medida” del prohibicionismo, al menos una respaldada de manera “científica” o “positiva”. Con esto se referían a la incoherencia y unilateralidad con que se pusieron en una misma lista (aunque este dividida) a sustancias tan dispares y al mismo tiempo dejaran otras muchas con características similares fuera. Con esto tenemos que la única constante en la lista para definir “droga” o “narcótico” es simplemente su ilegalidad. Cada una tuvo su propio camino para llegar a formar parte de esta lista, algunas veces por el concepto de “salud pública”, otras veces por considerarla subversiva e incluso por considerarse inmoral. También han sido añadidas por cuestiones económicas y mercantiles. Pero en general una “droga” es “drogas” por su ilegalidad, independientemente del camino que recorrió para llegar a ser prohibida. Con tremenda unilateralidad se llevan a cabo políticas de gran alcance, como podemos ver en el país donde vivo.
Una vez teniendo claro como es que se llega a clasificar las sustancias a prohibir, examinaremos cual es la causa, según el discurso prohibicionista, para evitar el consumo de las mismas. Aquí nos encontramos con el “vicio” o la “adicción”. Entramos en un lugar mas confuso y lleno de herencias religiosas, modernidad estatal y presupuestos endebles. Entre las razones para considerar “perjudicial” el consumo de las llamadas “drogas” están entrelazadas cuestiones de purificación corporal (herencia del Estado Antiguo donde se buscaba, o al menos era parte de su pretexto para “gobernar”, la salvación de los hombres) y la “salud pública” (donde están los intereses y tentáculos del Estado Moderno), ambos anidados bajo el concepto de “adicción”. La adicción, en su definición “médica” podríamos resumirla como la necesidad corporal (o psicológica, cuando lo corporal no cuadra) de una sustancia, la cual genera una “resistencia” que obliga al “adicto” a tener que consumir cada vez mayor cantidad de dicha sustancia (en el caso de las corporales). En un principio esta característica era la más importante en el discurso del prohibicionismo (por ello las primeras sustancias prohibidas fueron el café, el tabaco y el alcohol). Hay que puntualizar que muchas de las sustancias que aparecen en la lista del prohibicionismo no cumplen con la característica de “adictivas”, esto sin mencionar que hay muchas sustancias adictivas que no se encuentran en la misma. Como “comodín” para las sustancias que n se pueden considerar “adictivas” en un sentido médico, tenemos el “vicio”, la “adicción psicológica”. No puedo pasar por alto el elemento racista que subyace en la misma, en el concepto, donde se busca “proteger” a (o “protegerse de”) las clases inferiores de su “tendencia” al “vicio”. Esto se puede ver más claro en la asociación que se hacía a finales del siglo XIX, principios del siglo XX, entre los mexicanos y la mariguana, los chinos y el opio, los negros y la coca.
Es inobjetable el hablar de los supuestos males para la sociedad que trae el consumo de dichas sustancias. Se dan charlas por todas las escuelas y hay campañas publicitarias permanentes para que quede claro. Las políticas del estado se basan en dichos supuestos, aunque no existan pruebas de ningún tipo que lo respalden. Aunque el prohibicionismo moderno tenga poco tiempo de llevarse a cabo dado que todos los prohibicionismos anteriores fueron desbancados por la realidad. Las sustancias embriagadoras y psicoactivas han estado junto a nosotros, a la humanidad, desde sus primeros pasos. El prohibicionismo, donde sea que ha actuado a lo largo de nuestra historia, ha causado grandes conflictos internos, propiciado el aumento de las mafias definidas actualmente en “crimen organizado” y sobre todo ha cortado la libertad personal de los individuos. El hecho de que el estado tenga injerencia en tu cuerpo y en tu mente es algo altamente perjudicial para la libertad, por la que supuestamente luchan nuestros “gobernantes”.
Esto es una pequeña parte de un trabajo más amplio sobre las sustancias embriagantes, su historia y el prohibicionismo moderno.

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