Agosto 2007

Malabareando con música y otros enamoramientos.

La confusión ideológica (en medio del barullo esférico) me esta carcomiendo. Estoy confundido, lo único que se es que soy un amoroso (Mas allá de la interpretación simplista que algunos le dan). Me gusta enamorarme y me enamoro de todo lo que puedo, el problema es que pocas cosas me llenan lo suficiente para poder enamorarme tanto como quisiera. El cine ya no me ha llenado tanto, creo que necesito a alguien con quien ver las peliculas. La música últimamente es una buena forma de desahogarne, pienso abrir un blog de música, (Para dejarlo abandonado cada cierto tiempo como acostumbro). Ahorita tengo poco tiempo de darle al malabar, sirve como deporte, me distrae e incluso me deja unos cuantos pesos que son buenos en esta recesión económica. ¿Que he hecho últimamente aparte de respirar? Sigo estudiando lo que me hace falta para mi actual plan de vida, me la paso tratando de justificar mis acciones (¿Como distinguir los errores?) y tratando de no perderme en la urbanidad que me encanta. He pensando mucho en ese cómplice que trato de no encontrar. Seguiré llorando la hermosa vida.

La introspección como estilo de vida...

Cada dia me levanto con el fin de entenderme mas que el dia anterior, es la base de mi personalidad. Trato de buscar las razones por las que hago las cosas, pienso mucho en las decisiones que he tomado y en las acciones que siento repercutieron de forma mínimamente trascendental en mi vida, de hecho mi vida esta llena de cambios trascendentales. Soy un amoroso (lloro, lloro, la hermosa vida). Cuando detecto un error, trato de voltearlo a mi favor. Cada persona a mi alrededor es una fuente de conocimiento. Escaneo el comportamiento que se tiene conmigo. Busco la parte que mejor se conecta con cada persona y cuando la halló trato de descifrar el porqué. La abstracción y clasificación de ideas y conocimientos estan subordinados a entenderme. ¿Quien soy?

Requiem por un requiem que no quiso ser tal.

Este es un post que no quisó salir. Me pidieron una vez un réquiem que hubiera querido ser un verso ó tal vez una simple prosa con dedicatoria. Un ojo nos conecto, apoyado con un rápido análisis de una escritura que estaba madurando. Luego una soledad eterna, la falta de ese cómplice intelectual que tal vez solo anhelamos aquellos desafortunados aprendices de filósofos que creemos entender el mundo de una mejor manera, hizo que soñáramos con un futuro en el que no creemos lo suficiente. Charlas maravillosas, momentos inolvidables, ibamos juntos en el camino de la sabiduria, agarrados de la mano, intentando llegar a ese destino del que sabemos es imposible. Nos encanta lo imposible. ¿Acaso no recuerdas aquella amargura finiquitada con tu voz? ¿Acaso no recuerdas los sentidos al extremo?. Me orillaste a cambiar de la mejor manera, quisiste ayudarme en la metamorfosis que pensaste necesitaba sin darte cuenta que soy eternamente metamórfico. Acabaste con prejuicios que estaban cegándome. Mucho de lo de hoy te lo debo a ti. Me pediste un réquiem, y eso es lo que te doy. Depende de ti transformar este réquiem en la prosa que quiere ser ó dejarlo en el limbo de los escritos que no quieren ser, como un testamento o algunas cartas de suicidio. ¿Querias un réquiem?

Fe de erratas...

En el post "Dedicatoria de mi para mi" puse que la dedicatoria era para mi de mi. Fue un acto de egolatría y melancolía. Ese poema fue me lo dedicó la persona que tal vez (y solo tal vez) me conoce mejor. (Jungianamente al menos...)

Oaxaca: ¡que se vayan todos! - Luis Hernández Navarro

El verdadero triunfador de los comicios oaxaqueños del pasado 5 de agosto fue el voto de castigo a todos los partidos. En las elecciones para renovar la Cámara de Diputados local todas las formaciones políticas perdieron las elecciones. Los ciudadanos, simple y llanamente, desertaron de la contienda partidista. ¡Que se vayan todos! Ese fue el enérgico mensaje enviado a la clase política oaxaqueña. Los pueblos están hartos de la partidocracia y sus politiquerías, de los políticos profesionales y sus marrullerías, de quienes están en el gobierno y de quienes dicen ser opositores parlamentarios. Ni les creen ni les confían ni los quieren. Sólo asistió a las urnas uno de cada tres posibles votantes. En muchas comunidades indígenas la abstención fue aún mayor. Apenas votó 10 por ciento del padrón electoral. Si la gente que ha luchado por cambiar la sociedad y la política en Oaxaca no salió a sufragar es porque está convencida de que, más allá de las siglas en las que se arropan, los políticos tradicionales son todos iguales. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) puso en juego todas las mapacherías que forman su capital político. A pesar de ello, sólo logró recoger una votación similar a la que obtuvo Roberto Madrazo como candidato presidencial. Pero en ello no hay novedad. No en balde Ulises Ruiz, a pesar del descalabro en los comicios federales del año pasado, es uno de los mayores defraudadores electorales del país. El voto a favor de los candidatos del tricolor fue comprado en comunidades marginadas del estado con meses de anticipación, con cargo al erario. La coacción se dejó sentir en las regiones donde aún dominan los caciques. El embarazo de urnas, los carruseles y la alteración de actas estuvieron a la orden del día. Los comicios se efectuaron en medio de un clima de intimidación y terror gubernamental hacia la oposición popular. Muchos dirigentes sociales tuvieron que pasar a la clandestinidad o, cuando menos, salir del estado para no ser detenidos o agredidos físicamente. Otros, de plano están en la cárcel. En plena campaña se realizaron detenciones arbitrarias. Por supuesto, en esas condiciones el PRI se llevó el carro completo. ¿Por qué ahora iba a ser distinto? Los demás partidos han demostrado que a la hora de la verdad, se comportan casi igual que el Revolucionario Institucional. ¿Por qué la gente iba a apoyarlos? ¿Acaso los legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Trabajo (PT) en la pasada legislatura no apoyaron una y otra vez a Ulises Ruiz? La derrota electoral no fue responsabilidad de un movimiento popular que, mayoritariamente, vio con desconfianza los comicios. El PRD hizo todo para perder. Y lo hizo muy bien. Excluyó de sus listas a la mayoría de candidatos que provenían de las filas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). No obstante que en varios distritos existen fuertes organizaciones sociales con liderazgos reconocidos y arraigo, postuló a dirigentes de su partido prácticamente desconocidos. En algunos distritos, el sol azteca propuso como candidatos a figuras ligadas a Ulises Ruiz. Por supuesto, manejó las posiciones plurinominales como un botín de guerra, colocando en ellas, a pesar de su pésima reputación, a los barones del partido y amigos que los acompañan. Las organizaciones de la APPO que a título individual se involucraron en la campaña quedaron relegadas a posiciones sin importancia, y sin recursos económicos significativos para hacer proselitismo. Al participar electoralmente sin tener el consenso del conjunto de los integrantes de la Asamblea, lastimaron aún más la precaria unidad alcanzada. Otras, con una larga y eficaz tradición de lucha electoral, bloqueadas por la burocracia perredista, optaron por integrarse a las listas de partidos como Alternativa Socialdemócrata. El voto opositor de quienes deseaban participar en la contienda terminó dispersándose. En el mejor de los casos, el PRD se comportó como si fuera a obtener automáticamente el porcentaje y las curules alcanzadas durante los pasados comicios federales de 2006, sin tener que abrir sus listas a los candidatos del movimiento popular. Creyó que los ciudadanos que hace poco más de un año castigaron al PRI y al Partido Acción Nacional (PAN) son realmente simpatizantes leales a sus siglas. A juzgar por los resultados, tampoco parece haber sido muy útil para remontar la adversidad electoral la estrategia de Andrés Manuel López Obrador, basada en recorrer pueblos y municipios, afiliar a personas al --gobierno legítimo-- y denunciar la imposición presidencial, pero que se desentiende de la dinámica de lucha local y renuncia a facilitar la construcción de organizaciones sociales autónomas. Ciertamente, a su paso por varias localidades de Oaxaca, López Obrador cosechó muchas simpatías y efectuó reuniones más numerosas que las realizadas durante la campaña electoral, pero esos mítines no catalizaron la gestación de una fuerza alternativa. Por lo demás, a escala nacional, el PRD no ha hecho demasiado por frenar la represión en Oaxaca. Sus dirigentes han enmudecido ante lo que allí sucede. Fueron capaces de enmendar la decisión de los perredistas locales de ir a las elecciones sin Convergencia. pero no mucho más. Por lo visto, están más ocupados en sus pleitos internos que en denunciar la grave situación por la que atraviesan los derechos humanos en la entidad. La única excepción notable es la de doña Rosario Ibarra. Sin embargo, la senadora no pertenece a ese partido y formalmente está adscrita a la fracción parlamentaria del PT. Así las cosas el ¡que se vayan todos! del pasado 5 de agosto es, también, una indicación del rumbo que la sociedad oaxaqueña ha decidido seguir para cambiar las cosas en su entidad: la organización y movilización desde abajo. Una ruta lenta pero, en las actuales circunstancias, la única eficaz.

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